Partido Popular Cristiano · PPC · Perú
Presentado al Jurado Nacional de Elecciones para la inscripción del Partido Popular Cristiano, obtenida el 14 de julio de 1967, y ratificado por la primera Convención Nacional en octubre de 1967.
El Partido Popular Cristiano hunde sus raíces en la doctrina humanista social cristiana, que ha inspirado fecundas realidades sociales en muchos países; y se ha fundado en el Perú para buscar, como meta y con inquebrantable decisión, el Bien Común para la Patria. Basa su acción, por tanto, en la ética cristiana, sin ser por ello una organización confesional.
El PPC no nace solamente por aspiraciones políticas inmediatas, ni aspira únicamente a una acción de corto alcance. Aspira a promover, con gran aliento, un acelerado proceso de desarrollo económico y cambio social; pero basado en la realidad y ejecutado con sensatez. Su propósito es contribuir a instaurar, dentro de un régimen plural, una nueva sociedad en la cual la prosperidad general y la justicia distributiva sean el fruto de una fraternidad productiva y de ascenso de los valores humanos y morales.
El PPC no se limitará a corregir estructuras sociales defectuosas o a reemplazarlas por otras nuevas. Buscará también, por encima de cada elemento caduco que supere, la realización plena del hombre peruano; y cada meta parcial que se alcance, aunque alejada todavía de la imagen ideal de país que se persigue, impulsará su esfuerzo en la búsqueda permanente e indetenible hacia el Bien Común de todos los peruanos.
El PPC está integrado por hombres y mujeres de todas las ocupaciones y clases sociales; y se ha fundado para encarar y resolver los agudos problemas del país y promover el desarrollo integral del hombre peruano, según el criterio y los principios de la doctrina social cristiana. Por lo tanto, se compromete a conducir una política honesta, transformadora, concreta, realista y eficaz, auténticamente democrática. El objeto del presente Ideario es formular los principios primordiales a los que el Partido sujetará su acción realizadora.
El partido tiene una misión irrenunciable: hacer del Perú una sociedad comunitaria, proclamando el Bien Común como razón suprema del orden político.
Esta afirmación del Bien Común no debe confundirse con ninguna concepción colectivista, pues su finalidad no es otra que la promoción humana, total y solidaria, la que no puede lograrse sin el respeto a la dignidad de la Persona Humana y la participación libre y responsable de ella en la conducción de la comunidad.
El Bien Común debe implantarse en un doble proceso simultáneo de personalización — el desarrollo de las virtualidades del hombre como ser espiritual, libre y protagonista de su destino — y de socialización, que significa el arraigo de la fraternidad por medio de soluciones y procedimientos de integración social, en un armónico pluralismo institucional que equilibre y promueva la labor concertada del Estado y de las comunidades intermedias: Familia, Escuela, Asociaciones Gremiales, Sindicatos, Municipios, Universidades, Colegios Profesionales, entre otros.
El PPC no comparte la tesis del viejo liberalismo, que representa una orientación egoísta que ignora el Bien Común. Del mismo modo, rechaza toda concepción totalitaria y colectivista — como la marxista leninista — que desconoce el valor de la libertad humana y aplasta la dignidad personal con el Estado todopoderoso.
El hombre es un ser espiritual y libre. Por serlo, tiene derechos que nadie le puede quitar:
La existencia · Un nivel de vida digno · El respeto a su persona · La manifestación y defensa de sus ideas · Una objetiva información · La participación · Los bienes de la cultura · Honrar a Dios según su conciencia · Fundar una familia · El trabajo y su justa retribución · La libre iniciativa económica · La propiedad privada · La asociación · La participación en la vida pública · La defensa jurídica de sus derechos.
El ejercicio de esa libertad conlleva al derecho a luchar por la eliminación de las restricciones injustas, pero debe ser maduramente responsable, porque el hombre libre tiene que cumplir deberes con la sociedad, respetando los derechos ajenos, procurando el bien de los demás y sintiendo como propias sus necesidades.
El hombre no vive aislado. Integra comunidades: la familia — que tiene derecho a la estabilidad, al pan y al techo — la escuela, los gremios profesionales, el Municipio como expresión de la solidaridad local, y finalmente la Nación entera, en la gallarda afirmación de su personalidad mestiza y de su patrimonio moral y material.
La economía debe estar al servicio del hombre, de todo el hombre y de todos los hombres. Debe poner al lucro por debajo de la satisfacción de las necesidades y afirmar la prosperidad de los seres humanos en encuentro fraterno de todos los productores, en la exaltación del trabajo y en la comunicación y difusión de los medios de producción hasta la superación de la "condición proletaria".
Para ser viable todo ello, dentro del orden, se requiere una acertada política distributiva, un adecuado sistema crediticio y una defensa eficaz del valor de la moneda.
La propiedad privada de los bienes de uso y consumo y de los bienes y medios de producción, es un derecho natural porque es expresión y defensa de la libertad personal. Puede ser individual o cooperativa.
La propiedad privada, siendo un derecho natural, no es un derecho absoluto. Se justifica plenamente sólo cuando cumple una función social.
El PPC busca el advenimiento de una "economía de propietarios". Los monopolios deben ser combatidos y la especulación y la usura reprimidas. El Estado debe organizar, planificadamente pero con flexibilidad, las iniciativas públicas y privadas, siendo el Gerente del Bien Común.
Desde el punto de vista moral, tiene la primacía entre los factores de producción por ser el aporte humano por excelencia. La realización de su dignidad supone, en primer lugar, la reivindicación del obrero, del campesino, del artesano o del empleado y su liberación de toda alienación.
Es urgente la formación técnica del trabajador y su acceso a la propiedad. Es indispensable alentar a la asociación sindical libre y representativa. La instauración de satisfactorias relaciones industriales y la reforma de la empresa — abierta a la participación de los trabajadores en las utilidades, la gestión y la propiedad — son caminos de solución que deben emprenderse con generosidad y espíritu solidario.
Debe ser el resultado de la participación consciente de todos en la tarea y sacrificio común, en la solidaridad patriótica de las clases sociales y el impulso equilibrado orientado a la expansión de los diversos sectores. El crecimiento colectivo debe ser básicamente realizado por la iniciativa privada dentro de una planificación nacional flexible y suplementado subsidiariamente por el Estado.
La eliminación progresiva de las grandes desigualdades económicas, sin distorsiones violentas que pueden destruir el aparato productivo, debe ser una de las metas fundamentales de un plan nacional que contemple avances sensibles en los programas de Salud, Educación y Vivienda.
Es la organización jurídica de la Nación, su gobierno político. Su razón de ser es la realización del Bien Común. Para ello debe impulsar la iniciativa privada, corregirla y castigarla cuando abusa, suplirla cuando sea insuficiente o ponga en peligro su soberanía.
Para que las autoridades sean efectivamente representativas, deben nacer del voto universal directo y secreto y renovarse periódicamente. La Ley no debe desconocer la realidad y su vigencia debe ser absoluta y sin privilegios.
Los poderes del Estado no deben interferirse. La administración pública debe reformarse para ser eficaz. Debe castigarse severamente toda forma de inmoralidad en la función pública; y los partidos políticos deben actuar libre y responsablemente, con democracia interna y sentido nacional.
Debe aspirar a una paz que sea fruto del respeto a los derechos de cada Nación y de cada hombre, y de colaboración estrecha de los pueblos, que permita a los más desarrollados ayudar a los menos desarrollados, sin colonialismo o tutelaje alguno.
La función social de la riqueza es también válida entre naciones. La posición del Perú debe ser abierta a los encuentros humanistas y altiva en la defensa celosa de las esencias nacionales.
El Partido Popular Cristiano aspira a normar su actuación política sobre las siguientes pautas generales:
El PPC cree que los peruanos de ahora están convocados a una esperanzada labor de creación, de construcción de un país nuevo, que será una meta alcanzable solo en la medida en que actúen positivamente, sin violencia, con sensatez y con un optimismo crítico y prudente.
El Partido Popular Cristiano fue fundado el 18 de diciembre de 1966 en la ciudad de Lima. Sus fundadores fueron: